¿Quiere Europa un euro fuerte? Pues no, pero es mejor que la alternativa.

 

Como al resto del mundo, a Europa le gustaría tener una divisa débil para disparar las exportaciones. Pero la moneda única débil que vimos a principios de 2012 pagó un precio muy elevado, un precio que ni el BCE ni los líderes de la UE tienen ganas de pagar.

 

Dada la alternativa entre inestabilidad política y financiera y la resultante divisa débil por un lado y, por otro, una moneda más fuerte y una situación relativamente más sólida, tanto política como económica, yo diría que los líderes europeos siempre escogerán la segunda.

 

Ahora mismo, asistimos al desplazamiento de placas tectónicas de un mundo en el que la viabilidad del proyecto del euro se puso en duda a otro en el que el mercado cree que se han puesto suficientes barricadas como para prevenir una catástrofe. Nadie cree que los problemas de Europa se hayan solucionado ni tampoco que el futuro será un camino de rosas. Lo que ha cambiado es la creencia de que la situación se ha solucionado lo bastante como para hacer frente a los retos que sin duda aguardan a la puerta de la esquina en lugar de liquidar el proyecto y regresar a una época de divisas europeas que fluctuaban sin parar. Esta opción parece que ya no se contempla.

 

¿Y cuál es ese futuro que nos aguarda? Según lo veo yo, un euro aún mas fuerte. Los cambios FX siempre avanzan más lejos y con más rapidez de lo que la mayoría cree posible. Yo creo que en un mes, quizá dos, asistiremos a un rally explosivo, quizá incluso hasta 1,4200, antes de que el euro vuelva a caer en un rango no muy alejado de los niveles presentes en la región de 1,30-1.35.