Los grandes ‘damnificados’ por el descalabro del oro

El oro no era sólo un activo refugio. Desde En los 12 años anteriores se había convertido en un seguro en rentabilidad, con subidas en todos y cada uno de los ejercicios, con independencia del ciclo económico.

Las últimas jornadas han activado todas las alertas sobre la sostenibilidad de este rally. La avalancha de ventas ha incluido la mayor caída del oro en más de tres décadas, desde 1980. Las expectativas de que haya pasado lo peor en la crisis de deuda y la contención en las presiones inflacionistas, a pesar de las políticas de estímulos de los bancos centrales, han acelerado la corrección.

Precisamente los bancos centrales destacan entre los damnificados por el pinchazo del oro. Junto al FMI acaparan cerca de un 20% de todo el oro, con cerca de 31.700 toneladas, de acuerdo con los datos del World Gold Council.

El precio del oro alcanzó sus máximos históricos en septiembre de 2011, al tocar los 1.923,7 dólares la onza. Incluyendo el desplome de las últimas jornadas, desde sus récords el precio se ha desplomado casi un 30%. Este correctivo supone restar nada menos que 560.000 millones de dólares, unos 430.000 millones de euros, a la valoración de las reservas totales de los bancos centrales.

Alemania y, sobre todo, Estados Unidos, son los países con mayores reservas de oro. La Fed acapara 261,5 millones de onzas, frente a los 105 millones del Bundesbank. El impacto de la caída del oro desde sus récords de 2011 en la valoración de las reservas de la Fed se traduce en una ‘pérdida’, en términos de valoración, de 134.700 millones de dólares, algo más de 100.000 millones de euros.

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