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Era febrero de 2007 y los mercados financieros aún no habían sentido la fuerza de la crisis de liquidez mundial. Un trader, experto en derivados de Barclays, había descubierto una oportunidad de hacer dinero fácil. Había hecho una apuesta importante que saldría rentable si caía un tipo de interés europeo fundamental. Mejor aún, afirmaba haber encontrado una manera de movilizar los colosales recursos financieros de Barclays para garantizar que eso sucedería. El escándalo libor llega a Alemania: el país empieza a investigar a Deutsche Bank.

 

“Si dices una palabra de esto a alguien no te cuento nada más”, dijo también el trader a su amigo del banco rival. “Sé cuál es la potencia de mi tesoro… por favor guárdatelo o no funcionará”.

 

Esta cadena de mensajes electrónicos, enviados a través de salones de chat y de servicios de mensajería instantánea, formaba parte de un explosivo alijo de pruebas hecho público hace dos semanas por la Financial Services Authority (FSA), como parte de una investigación de cuatro años sobre manipulaciones del mercado.

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