Las dos caras del Gobierno español ante Bruselas

Dicen que con la familia siempre se es más sincero que con los extraños. Eso es lo que le debe haber ocurrido al presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, a quien, después de deshacerse en parabienes en Bruselas sobre las conclusiones del último Consejo Europeo, ayer, en el Congreso de los Diputados, todo le parecía insuficiente.

 

Ésa puede ser una opción. La otra es que el jefe del Ejecutivo haya comenzado a cogerle el pulso a esto de la arena comunitaria, donde ha tenido varios derrapes en los últimos meses.

Primer gran resbalón

Probablemente, el más sonoro fue aquel de junio de 2012, cuando el cantar victoria sobre la recapitalización directa de la banca le costó la recriminación de sus colegas europeos. Por no hablar de que la realidad ha dado la razón a los que no confiaban en que los fondos fueran a llegar para cubrir las ayudas al sector español.

En aquella ocasión, el presidente del Consejo Europeo, Herman Van Rompuy, tuvo que salir a la palestra para poner en su sitio al español y al primer ministro italiano, Mario Monti, -que habían sido demasiado efusivos en sus valoraciones al término del pulso que protagonizaron con sus socios-. “Fue una negociación dura que llevó horas y que no se puede resumir en ganadores y perdedores… tenemos una misión común que es estabilizar la eurozona y para lograrlo tenemos que apoyar a los países bajo presión del mercado. Pero esos países también deben cumplir y cuando reciben ayuda es siempre con condiciones estrictas”, advirtió el responsable europeo a España.
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