La derecha fáctica y la sombra de Aznar manejan el derribo de Rajoy

Nervioso y muy incómodo, aunque intentaba guardar la compostura, se le notaba ayer a Mariano Rajoy. Un Rajoy cuya figura contrastaba con la serenidad de su invitado polaco, Donald Tusk, que asistía imperturbable a una rueda de prensa en la que le tocó hacer de convidado de piedra, sin quererlo. Y, la verdad es que yo también me sentía, en cierto modo, avergonzado de ver como el presidente de mi país tenía que responder a preguntas sobre presuntos cobros ilegales o financiación ilícita de su partido y su persona, en presencia de un mandatario extranjero y de los medios internacionales.

Pero si esto está ocurriendo aquí y ahora, la culpa no es de los informadores, a quienes también se quiso manipular ayer, sino del propio Rajoy, sus asesores y de los instigadores de esa conjura que, dicen, hay contra el presidente y su Gobierno. Conjura que parece que haberla, ‘hayla’, pero cuyos hilos no los maneja la oposición, porque se mueven desde dentro del PP y de sus allegados de esa derecha fáctica y nostálgica.

Del presidente y los suyos, por esa estrategia del silencio, que ni la ciudadanía, ni los analistas, ni muchos militantes y responsables del PP entienden. “Cuando no se tiene nada que ocultar no debería haber problema para dar la cara”, asegura un dirigente popular, para apostillar que “el problema está cuando sí hay cosas que no se quiere que salgan a la luz”.

Y respecto a los conjurados es un rumor a voces que “hay una revolución interna en el PP”, asegura otro destacado militante que tiene hilo directo con la cúpula de Génova, quien mira en una dirección: “si quieres saber algo sobre lo que está pasando en el partido, pregúntale a Zaplana”, me sugiere.

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