La cumbre de la UE arranca sin atisbo de acuerdo

Cuando coinciden una crisis económica y una política hay una cosa segura: vienen malos tiempos. Si además hay que añadir una crisis financiera, una fiscal y la amenaza de una crisis social, lo más probable es que reaparezcan viejos demonios y la historia europea está repleta, plagada de diablos. En esas estamos: la cumbre de la UE para acordar el marco presupuestario de los próximos años ha arrancado este jueves con la ya tradicional tensión, con los Veintisiete divididos y todo el teatro propio de este tipo de cónclaves. No hay posibilidad de acuerdo la primera noche: la liturgia europea exige buenas dosis de dramatismo. El pacto es improbable incluso al final de la cumbre, que podría alargarse hasta el fin de semana. Simple puesta en escena, al menos en parte: los presupuestos de los próximos siete años no se apartarán demasiado del billón de euros (un 1% del PIB europeo), tanto si se aprueban en las próximas horas como si el pacto llega dentro de unos meses. Lo que está en discusión es solo el reparto de la tarta, no su tamaño.

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