La crisis de deuda soberana no ha tocado fondo en Europa

España puede dar fe de que los mercados aprietan pero no ahogan… aunque para eso hizo falta que el presidente del BCE, Mario Draghi, prometiera en julio que haría todo lo necesario para salvar el euro, y concretara esa promesa en septiembre, cuando mostró su poderoso bazuca: un plan de compra ilimitada de deuda pública a corto plazo en el mercado secundario, diseñado a la medida de España, que el 24 de julio había visto cómo su prima de riesgo se disparaba hasta los 638,4 puntos básicos.

El bazuca del BCE 
La mera exhibición de dicho arsenal, supeditado a la petición previa de auxilio a Europa y a una estricta condicionalidad macroeconómica, a los que España se ha resistido y se sigue resistiendo, bastaron para aplacar los ánimos inversores y propiciar una tregua que hoy se mantiene. El Ibex ha recuperado 2.670 puntos desde finales de julio, el riesgo país se ha reducido hasta el entorno de los 350-360 puntos básicos y la rentabilidad del bono a diez años ronda hoy el 5%, frente a 7,6% que llegó a alcanzar en los peores momentos de la crisis.

El resultado de esta menor aversión al riesgo y hacia España es que el Tesoro público logró completar con holgura su programa de financiación en 2012, anticipando incluso financiación para este año, e iniciar con buen pie 2013, en el que en tres subastas ha captado más de 16.000 millones de euros, pagando rentabilidades gradualmente menores. Esta mejoría ha reabierto los mercados mayoristas también para las grandes empresas nacionales (que no para las pequeñas y medianas) y la banca, que en las dos primeras semanas de enero han colocado deuda por unos 10.000 millones de euros. ¿Una simple tregua o un cambio de tendencia?

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