Ganadores y perdedores: el nuevo mapa bancario tras cinco años de crisis

Hubo un tiempo en el que en España existían casi 60 grupos bancarios (entre bancos y cajas y sin incluir las cooperativas). En cada esquina había una sucursal y, a menudo, en la misma calle se contaban decenas de bancos distintos. Esta época ha pasado: tras cinco años de crisis, el número de entidades se ha reducido a menos de la mitad; se han cerrado casi 7.800 oficinas y las plantillas se han recortado en más de 30.000 personas. Y el proceso aún no ha acabado. Las fusiones han sido la tónica dominante de estos años. Se empezó con las fusiones frías de cajas (los conocidos como SIP –Sistema de Institucional Protección), que fracasaron míseramente en su intento de reestructurar el sistema. Y se pasó a las fusiones reales y a las absorciones de los bancos débiles por parte de los bancos fuertes. Obviamente, las entidades que más compras han hecho son las que más han aumentado su tamaño, como el caso de Sabadell. Sin embargo, no necesariamente el negocio global de todos los que participaron en la fusión ha crecido de la misma forma. La explicación es que se han aprovechado estos movimientos corporativos para reestructurar y adelgazar la capacidad instalada y el balance, con el resultado de que el balance final del banco a veces es sólo de poco superior a la suma de los activos que tenían las entidades originarias. De hecho, comparando los activos de los grupos consolidados al cierre de 2007 con los del cierre de 2012 en los puestos de podio se sitúan dos entidades que no sólo no han participado en fusiones, sino que se han quedado ajenas a todo el tsunami que ha afectado la banca española: Caixa Ontinyent y Caixa Pollença. Se trata de las dos únicas cajas de ahorros que podrán mantener esta condición tras la entrada en vigor de la nueva ley, que obligará a todas las demás a transformarse en fundaciones para mantener su participación en sus bancos. Bajo este criterio, el ránking del crecimiento de activos en los últimos cinco años lo lidera Santander. El mayor grupo bancario español aún no ha comprado nada en España en la última ola de movimientos corporativos y no se descarta que aproveche la privatización de CatalunyaBanc y NCG Banco para dar el primer paso. Las compras que le han permitido disparar su balance un 39% desde finales de 2007 se han producido en el extranjero y se han concentrado especialmente en los primeros años de la crisis. En el último periodo, de hecho, el banco que preside Emilio Botín ha sido protagonista de varias desinversiones, con el objetivo de reforzar el capital y obtener plusvalías para hacer frente a los saneamientos del ladrillo español.

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