El miedo a Bankia es el miedo a España

¿Es viable Bankia? ¿Es solvente España? Nunca había estado tan conectado el miedo a que la respuesta a esas dos preguntas sea negativa. Bankia es una metáfora de la crisis española. Su balance tiene las heridas del estallido de la burbuja inmobiliaria, la recesión y el paro. Esas heridas, unidas a la chapucera actuación del Gobierno para relevar a su presidente y proceder a la nacionalización de su matriz, BFA, han metido el miedo en el cuerpo a ahorradores e inversores. Y el riesgo de que el agujero de BFA sea solo una parte del agujero del sector financiero español asusta a los mercados. Ese miedo provocó ayer que las acciones de Bankia llegaran a desplomarse en Bolsa hasta un 29%, aunque al final redujesen sus pérdidas al 14%. Y ese mismo miedo, aderezado con las dudas sobre las comunidades autónomas y con el riesgo de ruptura del euro por la parálisis política griega, llevó a la prima de riesgo de la deuda española a acabar el día con un nuevo máximo al cierre de 490 puntos básicos.

Las dudas entre la solvencia de la banca y del Estado están conectadas
A España se le está poniendo cara de Irlanda. Los problemas de la banca arrastraron a la isla a un rescate europeo. De nada sirvió la revisión por parte de expertos independientes de los balances de sus bancos, como la que ahora ha encargado el Gobierno español. De nada sirvió que Dublín proclamase que tenía cubiertas sus necesidades de financiación, algo parecido a lo que ahora dice el Tesoro. Llegó un momento en que el agujero de la banca era demasiado grande y los mercados dejaron de confiar en Irlanda, como antes en Grecia y luego en Portugal. En Bruselas cada vez más fuentes apuntan a que la UE tiene mecanismos para apoyar a España y que solo hace falta que el Gobierno lo pida, en lo que suena a una invitación que España no quiere aceptar. La única ayuda por la que suspira el Gobierno es la del Banco Central Europeo, que por ahora mira para otro lado.

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