El examen a la banca no despejará las dudas y crea malestar en el sector

La revelación hoy de las necesidades de capital individualizadas de las entidades financieras no acabará con el recelo hacia el sector. Varias razones amenazan con prolongar la desconfianza y dar una muy limitada credibilidad a los resultados de los enésimos test de estrés que, por otro lado, ni servirán para activar la concesión de créditos ni para dislumbrar el mapa bancario definitivo.

 

Por un lado, la consultora Oliver Wyman no hará públicos los criterios aplicados para estresar el balance de las entidades en este inédito ejercicio en la banca mundial. Su dureza en la contabilización de los activos fiscales, las dudas sobre cómo se valorarán los inmuebles y el crédito que dará a las palancas para generar recursos han provocado las protestas de la banca, que teme que sus déficits de capital crezcan utilizando unos criterios arbitrarios, sin una razón de peso para su aplicación y sin que se exija algo similar en ningún otro país.

 

Desde una entidad financiera se señala, algo maliciosamente, que el objetivo, en aras de congraciar a los mercados, es alcanzar una cifra muy próxima a los 60.000 millones de euros, un volumen acorde con los resultados del primer examen llevado a cabo en junio por Oliver Wyman y Roland Berger, y centrado en su mayor parte en las cuatro entidades ya nacionalizadas. Un volumen menor no sería creíble y otro sustancialmente mayor socavaría la idea de que los problemas se concentran en un número muy pequeño de entidades.
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