China y los emergentes ya no tiran del carro: ¿respiro o agonía?

Es de sobra conocido aquello de que cuando Estados Unidos estornuda, el resto del mundo se resfría, una cita empleada por el Fondo Monetario Internacional en abril de 2008 para definir la gravedad de una crisis que se demostró única en su especie. Sin embargo, más de cuatro años más tarde, las economías emergentes, que han ejercido de flotador durante este crítico periodo, muestran señales de fatiga y muchos se preguntan si la tormenta perfecta que se avecina acabará por tronar y enfermar de forma crónica al resto del mundo.

Al fin y al cabo, las políticas acomodaticias de la Reserva Federal y otros bancos centrales de las economías avanzadas no han hecho más que inyectar liquidez al mercado, una suma que en buena parte ha tenido a los mercados emergentes como principales receptores. Desde que Ben Bernanke comenzase a dar señales de una posible retirada antes de que termine el año, la escapada de los inversores de las economías en desarrollo, especialmente entre el mercado de deuda, ha sido espectacular. Si a ello sumamos los conflictos geopolíticos en Egipto, Turquía y Siria además de la volatilidad de los precios de las materias primas, podría decirse que los principales mercados emergentes (China, India, Brasil o México, entre ellos) caminan sobre un campo de minas.

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