Atención a la trampa de liquidez de los bonos

El problema reside en las mesas de operaciones de los bancos de inversión. Antes de que estallara la crisis financiera global, los bancos se conformaban con comprar deuda de sus clientes en el mercado secundario y mantenerlo en su propio balance, actuando como artífices del mercado, pero también embolsándose el diferencial entre la rentabilidad de los bonos y sus propios costes de financiación, muy favorables.

Según Citigroup, las carteras de bonos corporativos en manos de los operadores crecieron paralelamente a los fondos de inversión en EEUU: para noviembre de 2007, los operadores tenían 232.000 millones de dólares de bonos corporativos frente a los 459.000 millones de dólares en manos de los fondos. Según las nuevas normas de Basilea III, los bancos deben tener cantidades muy superiores de capital en comparación con la deuda en sus libros de operaciones. Por otra parte, los costes de financiación bancaria han crecido. Resultado: los agentes han reducido su inventario. Su cartera de bonos corporativos se ha reducido a tan solo 57.500 millones de dólares, mientras los fondos de inversión ascienden a 795.000 millones de dólares, según Citigroup.

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