Así se gestó el escándalo de las hipotecas británicas

Cuando Bob Diamond, consejero delegado de Barclays, se levantó para dar un discurso en noviembre, sabía que el público esperaba cierta contrición. Fue directo al grano, comenzando con una anécdota sobre un asesor de la Casa Blanca que le había preguntado si los bancos podían ser buenos ciudadanos. Su respuesta fue que “para recuperar la confianza diezmada por los acontecimientos de los tres últimos años es necesario que los bancos sean mejores ciudadanos”.

Fue una contestación valiente viniendo del banquero de Massachusetts al que Peter Mandelson describió en una ocasión como “el rostro inaceptable del capitalismo”, y más aún porque en aquel momento ya se sabía que Barclays, junto a otra veintena de entidades financieras, estaba siendo investigado por la manipulación del mercado de los préstamos interbancarios, valorado en 353.000 millones de libras (441.000 millones de euros).

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