Adictos al dinero fácil

Las políticas fiscales y monetarias están consideradas como el equivalente de las drogas, diseñadas para solucionar un problema subyacente. Los recortes de los tipos de interés suelen ser temporales (todo lo que baja acaba subiendo).

Los grandes déficits presupuestarios, pensados para activar la economía, retroceden en cuanto la recuperación consiguiente aumenta los ingresos fiscales y reduce el gasto social.

Como los tratamientos con antibióticos, el estímulo económico tiene una duración concreta. Al final, el paciente se recupera. Incluso si la recuperación no es completa, eso no quiere decir que los fármacos políticos no hayan surtido efecto.

La recesión que siguió a la quiebra de Lehman Brothers en 2008 fue lo bastante dura, pero podría haber sido peor. El estímulo político ofrecido fue muy superior al existente durante la gran depresión y, afortunadamente, el resultado económico fue mejor. La caída general del punto más alto al más bajo de la renta nacional americana, por ejemplo, fue del 5,1% frente al enorme 30% aproximadamente durante la depresión.

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